¿Eres de las personas que dicen » yo nunca me enojo»
pero las personas pierden la paciencia contigo?.
¿Será que estás teniendo un comportamiento agresivo pasivo?.
Puede que en algunas situaciones te sientas muy orgullosa de no caer, pero en otros donde necesitas hacerlo pero no sabes cómo. Esto puede no estar siendo muy sano para ti ni para los que te rodean.
No poder expresar que algo te molesta puede llevar a confundir a otros con lo que realmente sientes.
¿Cuando niña te prohibieron expresar tus molestias o viviste en un ambiente dominado por el enojo o la rabia?.
¿Creciste con la sensación de que enojarte no es bueno o que si lo haces puedes perder el control?.
En ambos casos, probablemente tus aprendizajes no te están permitiendo expresar sanamente tus emociones y la convivencia contigo puede ser todo un desafío.
Dos formas en las pudiste aprender a no expresar el enojo:
Represión del enojo
Si creciste en una familia donde no se permitía el enojo o donde los conflictos no se hablaban, con adultos que se esforzaban por lo que no era una familia feliz y cuando algo pasaba había que hacer algo rápidamente para volver a la calma y la alegría por que el enojo provocaba la desarmonía en el hogar.

Esta manera de relacionarse donde aparentemente todo está bien, la sombra es la falta de comunicación. Existe un gran temor a enfrentar conversaciones o situaciones que puedan llevar a quitarlos de esa “aparente armonía”.
El aprendizaje:
Adultos desconectados de sus emociones, de lo que sienten realmente, adornando todo para no ver el dolor o enfrentar conflictos que los saquen de «su armonía».
Y me puedes decir – pero que tiene vivir desconectada – bueno tan simple como que si no puedes conectar con tu dolor es muy probable que no puedas acompañar aquellos que amas en el suyo por que simplemente no lograras verlo.
Una familia enojada
El otro extremo es, si en tu familia cuando pequeña viviste situaciones de violencia, dónde tus padres vivían enojados, dónde los conflictos llegaban a los gritos, a los maltratos, insultos o cuando te enojabas te amenazaban con ser castigada invalidando tus emociones pero por otro lado los adultos a tu alrededor si lo demostraban violentamente.
Eras una niña que debía obedecer y simplemente aceptar lo que se te decía porque sí, porque eran tus padres y tenías que obedecer.

El aprendizaje:
Es posible que hayas aprendido a esconder el enojo, a no expresarlo, porque de hacerlo algo terrible podía pasar y traería como consecuencias peleas, discusiones, incluso violencia, entonces era mejor suprimirlo, disimularlo o lo hacerlo indirectamente, y eso te puede estar llevando a la fórmula agresiva – pasiva.
Por ejemplo:
Te enojas en la mañana con tu pareja, como no se lo puedes expresar abiertamente entonces manipulas de la siguiente manera:
Están muy atrasado para llegar al compromiso con la familia de él, y a pesar de haberte pedido salir a las 19:00 para llegar a la hora, son las 20:30 y todavía te estás arreglando como si fueran las cuatro de la tarde.
Frente a la molestia de él tú respondes ….. si si si ya voy…. – 1 hora después – tu pareja te reclama nuevamente a lo que tu le dices – pero relájate, que importa si igual vamos a llegar.
Esto provoca mucho enojo en el otro y en ti una satisfacción por haber logrado que él se enoje y no ser tú la enojada.
Cómo se vive desde la agresiva pasiva
- Puedes parecer de acuerdo e incluso mostrarte muy entusiasmada con algo que te pidieron pero la manera de expresar tu enojo o tu resentimiento es simplemente no cumpliendo con el pedido o con los plazos
- Otra opción es que que no quieres que la otra persona se moleste contigo y no sabes cómo comunicar esos sentimientos.
- Vives en la queja con que las personas no te aceptan o te engañan
- Dejas de cumplir acuerdos justificándote con que, y bueno….. pero si tampoco es tan grave, no paso nada.
- Te revelas frente a la autoridad no dando la importancia que pueden tener
- El silencio es tu mejor arma, ignorando y haciendo sentir al otro que no te importa
- Cometes errores o rompe algo (intencionalmente) y frente a la molestia del otro y tu respuesta es …..ay,! pero si fue un accidente
- En tono bajo y pasivo frente a una discusión aparecen frases como: lo siento, así soy yo o no te molestes así hablo yo.
- No te comprometes realmente y después tan solo le quitas importancia encontrando diferentes justificativos del porque paso lo que pasó.
- No te haces cargo de tus actitudes ni de tus comportamientos.

Las personas a tu alrededor se enojan, se frustran muchas veces pueden llegar a ponerse violentos al verse pasado a llevar y sin respuestas de tu parte sintiéndose no respetado. Tu enojo está proyectado en el otro, entonces cuando ya lo ves enojado muy en tu interior te relajas diciéndote – él se enojo, yo no.
En tu rol profesional puede que sin darte cuenta te esté trayendo complicaciones con tus jefaturas o pares. Puede resultar muy frustrante tanto para ti como para tu empresa, porque además de estar siendo poco productiva, hace que los demás dejen de confiar en ti, esto puede hacerte sentir insegura y que afloren tus miedos de no ser aceptada porque detrás del cómo actúas.
Es probable que sientas dolor pero entre el orgullo y el miedo te impide expresar lo que sientes y si por algún motivo te ves enfrentada hablar y explicar lo que te pasa es probable que niegues , te alejes para no tener que decir realmente lo que te pasa.
¿Cómo dar los primeros pasos para cambiar?
1º Primero que nada es aceptar que te estás comportando de una manera agresiva pasiva
2º Tomar conciencia en las situaciones en que te comportas de esta manera (para que no se te olvide que puedes ponerte una cintita roja como pulsera, cambiarte de mano los anillos o alguna acción que en el pasar del día puedas recordar que estas trabajando tu enojo
3º Conectar con las consecuencias que te ha traído en la vida esta forma de ser y cómo esto mismo no solo te afecta a ti sino que a los que te rodean.
4º Declárate que ya no quieres actuar de esta manera y aceptar que SÏ puedes estar dañando tus relaciones
Es hora de empezar a reinventarte!!!
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